¡Nunca dejes de ser tú para que te acepten!
¿Cuántas veces has dejado de lado lo que piensas o lo que deseas hacer por miedo a no ser aceptada por los demás?
El deseo de aprobación o validación por parte de los demás es algo presente en todas nosotras. Pertenecemos a una especie que necesita formar parte de un grupo para sobrevivir. Es totalmente natural que busquemos ser aceptadas.
Lo malo es que a menudo dejamos de lado lo que sentimos y lo que pensamos para adaptarnos a los demás y sentirnos aceptadas.
Cuando lo hacemos, podemos llegar a sacrificar nuestras propias necesidades, y estoy segura de que ya intuyes que es una mala decisión, porque lo único que conseguirás será sentirte mal contigo misma.
Vivir sin malestar emocional no significa no sentir emociones, al contrario, es sentirlas, identificarlas, aceptarlas y gestionarlas.
Te lo cuento en la próxima publicación.
¿Por qué no te permites ser tú misma?
Cada vez que vas en contra de lo que necesitas como persona, de lo que sientes y piensas, no te estás permitiendo ser tú misma.
Muchas de nosotras olvidamos que cuidarnos es esencial para nuestra salud mental y física. Nos han hecho creer que priorizarnos es egoista, y que debemos poner las necesidades de los demás por delante de las nuestras. Incluso llegamos a negar nuestras necesidades ignorándolas y convenciéndonos de que estamos bien y de que no es necesario cambiar nada de nuestro comportamiento.
¡Eso es falso!
Hay muchos aspectos de tu persona que requieren de tu atención, porque las personas somos seres con múltiples facetas. personales de carácter y temperamento, cada una nos enfrentamos a sucesos, a cambios, a evoluciones, a aprendizajes.
Lo que tú haces con tu vida es lo que te define. ¿Cómo te enfrentas a los sucesos de cada día, a los problemas, a las pérdidas, a los retos, a los cambios, a las exigencias externas, a tus necesidades? Todo ello eres tú, y todavía hay muchas cosas más… No importa si eres generosa o tacaña, valiente o miedosa, reflexiva o impulsiva…
Tú, como todo ser humano, posees el mismo valor que los demás, no eres ni más ni menos que nadie.
Por desgracia en nuestra sociedad se valora a la gente por lo que tiene y no por lo que es, pero es una falsa valoración. Lástima que tanta gente funcione con ese criterio, que no hace más que generar problemas de autoestima.
También te valoran por tus roles en la vida, eres hija, madre, pareja, abuela… pero evidentemente, eso son solo partes de tu yo. Tienes tus propias ilusiones, tus propios sueños, retos, deseos… que esos roles no te impidan ir a por ellos.
Hay un importante factor que te puede llevar a boicotearte a ti misma, a no mostrarte como eres en realidad. ¿Quieres saber cuál es?
Se trata del miedo.
Pero es un tipo de miedo concreto, es el miedo a no ser aceptada y querida tal como eres. ¿Cuántas veces aceptas situaciones que no te apetecen, callas cuando te mueres por hablar, dejas que te organicen la vida de un modo que odias? Si te detienes a pensar, a menudo no manifiestas tus preferencias, tus deseos, no te plantas ante imposiciones que te molestan…
¿Sabes de dónde viene ese miedo?.
Te lo cuento en la próxima publicación.
¿Quieres saber más acerca del miedo?
Tus emociones son respuestas de tu cuerpo ante los estímulos que recibes. Son reacciones complejas con varios componentes:
- Un desencadenante, por ejemplo un ruido fuerte y desconocido.
- Componente cognitivo o mental: son los pensamientos e interpretaciones que hacemos de una posible amenaza.
- Componente fisiológico o corporal: son cambios en el cuerpo que se activan sin que nosotras lo decidamos.
- Componente conductual: son las acciones que emprendemos para huir o enfrentar la amenaza que percibimos.
- Componente emocional: son las emociones que nos provoca la situación. .
El miedo a no ser aceptada o miedo al rechazo
Este tipo de miedo tiene un origen en parte innato y en parte aprendido. En lo innato poco puedes hacer, pero en lo aprendido tienes posibilidades de mejora. Cuando sufriste tus primeros rechazos experimentaste un dolor emocional que te llevó a evitar ciertas situaciones. Además te planteaste si el rechazo venía provocado por ti, por cómo eras y/o te comportabas.
Puesto que el ser humano necesita formar parte de un grupo para sobrevivir, es lógico que nos preocupe tanto el ser aceptadas o rechazadas por los demás. El problema aparece cuando ese miedo al rechazo nos impide vivir plenamente, cuando nos lleva a evitar diferentes situaciones para no sufrir, cuando una opinión ajena nos hunde el día, cuando llegamos a dudar de nuestro propio valor como persona…
Cuando buscamos nuestra seguridad en el grupo en vez de en nuestro interior, nos exponemos a sufrir por culpa del rechazo. Las que no acabamos de creer en nosotras, en nuestro valor como personas, en nuestras capacidades, nuestros logros, etc. nos sentimos inseguras y buscamos la seguridad en los demás.
Esperamos que la gente que nos rodea nos diga cuánto valemos, qué inteligentes somos, qué bien lo hacemos todo, cuánto disfrutan de nuestra compañía, de nuestro ingenio y simpatía… Pero no siempre es así ¿verdad? Si no creemos en nosotras mismas dependemos de un reconocimiento que puede aparecer y desaparecer en cualquier momento.
¿Sabes que el miedo está muy ligado a tus necesidades personales?
El miedo está profundamente relacionado con nuestras necesidades: muchas veces aparece como una señal de que una necesidad importante está en peligro de no ser satisfecha.
¿Cómo se conecta el miedo con nuestras necesidades?
El miedo surge cuando percibimos una amenaza —real o imaginaria— a algo que valoramos o necesitamos para nuestro bienestar. Por ejemplo:
| Miedo al rechazo | Necesidad de pertenencia, aceptación, amor |
| Miedo al fracaso | Necesidad de competencia, valoración, éxito |
| Miedo a la soledad | Necesidad de conexión, compañía, seguridad emocional |
| Miedo al cambio o a lo desconocido | Necesidad de control, estabilidad, seguridad |
| Miedo al juicio o a la crítica | Necesidad de reconocimiento, autoexpresión |
| Miedo físico, al dolor, la muerte, etc. | Necesidad de supervivencia, protección corporal |
En vez de verlo como algo negativo, el miedo puede ser un indicador emocional que te muestra: ¿qué necesitas proteger?¿qué es lo que valoras en tu vida?¿en qué te sientes vulnerable o desconectada de una necesidad esencial?
La mejor manera de enfrentar el miedo pasa por los siguientes pasos:
- Reconocerlo: ¿Qué miedo estoy sintiendo? Ej.: Miedo al fracaso
- Escucharlo: ¿Qué necesidad siento amenazada? Ej.: necesito ser competente, tener éxito y que se me valore.
- Validarlo: ¿Es auténtica esa necesidad? Ej.: ¿Es cierto que no se me reconocen los méritos o que yo misma no me valoro?
- Actuar: ¿Qué puedo hacer para cuidar esa necesidad sin permitir que el miedo me limite? Ej.: No juzgarme con tanta dureza, reconocer mi verdadero valor, aceptar mis puntos fuertes y mis puntos débiles, etc.
Vale la pena que trabajes en tus propios miedos, porque al enfrentarnos a ellos únicamente vas a obtener un montón de beneficios:
- Salir de tu zona de confort te permite descubrir capacidades que no sabías que tenías, y te lleva a potenciar tu crecimiento personal.
- Ganas libertad para ser tú porque has superado lo que te limitaba.
- Mejoras tu autoestima al sentirte segura de ti misma, al ser más consciente de tu valor.
- Puedes construir relaciones más sanas porque te muestras tal como eres, sin disimulos ni mentiras.
- Las decisiones que tomas se ven menos afectadas, son más objetivas y adecuadas.
- Vives con menos ansiedad y con mayor bienestar.
- Ganas en oportunidades, ya no te cierras puertas por temor a lo que pueda pasar.
Del mismo modo en que podemos convertir el enfado en un impulso para actuar, podemos convertir el miedo en un buen estímulo para cambiar las cosas que no nos gustan.
¿Cuáles son tus necesidades personales?
Las necesidades personales están vinculadas a estos tres aspectos de ti:
- Subsistencia (salud,
- Protección (sistemas de seguridad y prevención, vivienda, etc.),
- Afecto (familia, amistades, privacidad, etc.)
En psicología hay diferentes modelos que explican las necesidades humanas o personales. El de Maslow es quizás el más conocido y uno de los más sencillos.
Maslow identifica las necesidades humanas y las clasifica en 5 niveles.
NECESIDADES BIOLÓGICAS O BÁSICAS
- Son aquellas que debes satisfacer para sobrevivir y mantener un funcionamiento físico adecuado.
- Son innatas, universales y no dependen del entorno cultural o social.
NECESIDAD DE SEGURIDAD
Tu necesidad de seguridad es innata, y se refiere a tener las condiciones de protección y estabilidad necesarias para vivir tu vida, sin sentirte amenazada.
Aquí tienes algunos ejemplos de situaciones que pueden afectar a tu seguridad:
- Relaciones tóxicas o violentas: se llega a justificar o tolerar agresiones
- Ambientes laborales abusivos: el miedo a las consecuencias lleva a no quejarse, no denunciar y renunciar a establecer los límites de lo que no se está dispuesta a aceptar.
- Entornos físicos inseguros: en los que se descuida el mantenimiento del hogar, el cuidado del propio cuerpo o de la salud.
- Negligencia emocional: se ignoran tus señales de ansiedad, miedo o incomodidad.
- Experiencias de trauma causadas por abusos, accidentes o neglicencia.
- Entornos familiares sobreprotectores que favorecen la falta de seguridad propia
- Modelos parentales que transmitieron ansiedad o desconfianza
NECESIDAD DE AFILIACIÓN
- Amistad
- Afecto
- Intimidad sexual
- Pertenencia a un grupo
- Aceptación por parte de los demás
- Relaciones románticas
Tenemos estas necesidades porque somos una especie que necesita vivir en grupo para subsistir. Cuando las necesidades biológicas y de seguridad están solucionadas, las de afiliación se vuelven prioritarias.
NECESIDAD DE RECONOCIMIENTO
La necesidad de reconocimiento responde a aspectos profundamente personales que tienen que ver con:
- La identidad,
- La autoestima,
- El valor personal y
- El vínculo con los demás
Es una necesidad humana universal, pero su intensidad y forma de expresión varían según la historia de cada una de nosotras. Está relacionada con el modo en el que te valoras y te valoran los demás.
NECESIDAD DE AUTORREALIZACIÓN
La necesidad de autorrealización (en la parte superior de la pirámide de Maslow) corresponde a aspectos muy íntimos como:
- Darle sentido a tu vida,
- Optimizar tu potencial
- Conseguir coherencia entre pensamientos, sentimientos y acciones.
¿Sabías que tus emociones te hablan?
Tus emociones tienen una misión esencial en tu vida, te avisan de
- qué debes hacer por ti para estar bien,
- tanto física como mentalmente.
Imagína que no sientes ninguna emoción. Irías por a vida sin tener ni idea de lo que te gusta, te hace feliz, o lo que te molesta. ¿Cómo vas a saber si lo que estás viviendo es bueno para ti, o si te está haciendo daño?
Cada emoción, incluso la más incómoda, trae consigo un mensaje. El enfado, la tristeza, el miedo, la culpa, la vergüenza, la ansiedad, la frustración o el resentimiento no están ahí para fastidiarte, están ahí para ayudarte.
¿Qué pretenden realmente tus emociones?
Te informan de qué
- te molesta,
- no soportas,
- te da paz,
- te daña,
- ignoras
- descuidas
- …
para que puedas
- eliminar lo que te molesta o te daña.
- buscar lo que te da paz,
- tener en cuenta lo que te perjudica y lo que ignoras o descuidas de ti.
- ..
Las emociones que solemos llamar negativas, en realidad no son malas; te generan malestar para avisarte de que no estás teniendo en cuenta algunas de tus necesidades. Estas son las principales:
- tristeza
- miedo
- culpa
- vergüenza
- ira
- envidia
La tristeza
Sientes tristeza por diversos motivos:
- Separación psicológica, pérdida de alguien o algo muy querido
- Pérdida de esperanza
- Sufrimiento crónico, físico o emocional
- Indefensión
- Algo es desconocido o incierto
- Estás fuera de tu zona de confort
- Tienes algo que proteger
- Estás evitando algo
- Hay una herida sin sanar que te impide avanzar
- No quieres equivocarte
El miedo
- Te enfrentas a algo desconocido o incierto
- Estás fuera de tu zona de confort
- Tienes algo que proteger
- Estás evitando algo
- Hay una herida sin sanar que te impide avanzar
- Temes equivocarte
- Si sientes miedo y quieres evitar una situación sentirás ansiedad
- Dolor y anticipación del dolor
- Situaciones en las que te ves amenazada
- Falta de seguridad
- Hay una herida sin sanar que te impide avanzar
- No quieres equivocarte
La culpa
- Te alerta cuando has actuado de forma contraria a tus propios valores o expectativas, o
- Cuando has cometido un error o causado daño.
- Te dice que hay una discrepancia entre lo que haces y lo que deberías hacer, o lo que crees que deberías hacer, según tus estándares personales
- Que has cometido un error o causado daño
- Que deberías haber actuado de otra manera, buscando opciones que habrían sido más adecuadas
- No quieres equivocarte
La vergüenza
- Le das demasiada importancia a lo que los demás piensan u opinan sobre ti.
- Te da miedo que te rechacen o critiquen.
- Sientes que no eres suficiente.
- Buscas que te acepten y te valoren.
- Te sientes muy insegura respecto a ti y a tus capacidades.
- Dudas de tu valor como persona.
La ira
- Hay un límite que no ha sido respetado.
- Has intentado reprimir emociones y sentimientos y ahora has explotado.
- Una persona o situación te ha herido o decepcionado.
- Una injusticia te ha afectado.
- Crees que necesitas protegerte.
- Frustración.
- Obstáculos que te impiden conseguir tus objetivos.
La envidia
- Puede indicar que debes tratarte mejor.
- Te avisa de que es el momento de cuestionar tus valores.
- Si has herido a alguien, arréglalo.
- Piensa que no todo lo que sientes es tu responsabilidad.
- Te estás castigando demasiado.
- Quizás no actuaste de la mejor manera.
- Puedes estar sintiendo una carga.
¿Por qué siempre te pasa lo mismo?
- ¿Alguna vez te has preguntado por qué actuas de una forma determinada?
- ¿Por qué repites los mismos pensamientos una y otra vez?
- ¿Por qué haces siempre lo mismo en situaciones parecidas aun sabiendo que te generará malestar?
Hablemos de tus creencias personales:
- Son la interpretación que haces de los hechos, el significado que les das a través de tus pensamientos, conclusiones y filtros personales.
- Esa interpretación, que acaba convirtiéndose en un modelo de pensamiento fijo, te genera la emociones y, condiciona tu conducta.
Las creencias nacen de la interacción entre lo que vivimos, lo que observamos y cómo lo interpretamos. Son pensamientos sobre ti misma y sobre la vida en general:
- los aprendes a lo largo de tu vida
- no siempre son racionales, pero eso no impide que sigan funcionando
- pueden limitar o facilitar tus acciones
Suelen tener un gran poder en tu vida por dos motivos:
- Influyen en cómo ves y sientes lo que ocurre en tu vida.
- Te llevan a la repetición de comportamientos del pasado que ya no tienen sentido en la actualidad.
En algún momento del pasado algunos pensamientos te resultaron útiles para
- resolver una situación, los repetiste en situaciones similares y eso los convirtió en
- creencias, estableciendo patrones o
- modelos de actuación.
Cuando tiempo después te encuentras en circunstancias parecidas reaparecen y te llevan a responder del mismo modo.
- Condicionan tu forma de actuar en un momento dado, favoreciendo o limitando tus actos.
- Influyen en la interpretación de lo que te sucede, llevándote a creer que algo es bueno o malo, aunque no se ajuste a la realidad.
Los sucesos de nuestra vida no son en realidad ni buenos ni malos; es el valor que les damos lo que nos lleva a sentirlos como positivos o negativos.
Por ejemplo, un despido laboral puede ser una catástrofe o una ventaja dependiendo de cómo lo valore una persona. Puede suponer la ruina familiar o una oportunidad largamente deseada.
Las creencias funcionan como un filtro de cámara fotográfica,
- Como decía Campoamor «Todo es según el color del cristal con que se mira».
- te llevan a interpretar la realidad de forma distorsionada.
No son los hechos en sí los que te generan las emociones, sino
Aquí tienes un ejemplo muy simplificado:
Origen de una creencia siendo niña: con 7 años llegaste con un dibujo para que tu madre lo viese. Ella, que había tenido un mal día y estaba muy cansada, te dijo: “Ahora no, estoy ocupada”.
Tú pensaste
“Mi madre no se interesa por mí porque lo que hago no es lo suficientemente bueno para que le dedique su atención. Ese es el motivo por el que no me hace caso”.
Se formó una creencia
“Para que me tengan en cuenta y me quieran, debo esforzarme mucho y hacerlo todo perfecto”.
En la adolescencia: tu creencia de que no vales lo suficiente, que no estás a la altura, hace que
- Te conviertas en una estudiante muy exigente contigo misma.
- Evites mostrar tus errores por miedo a no ser aceptada.
Al llegar a la edad adulta:
- Te conviertes en una persona muy perfeccionista en el trabajo.
- Sientes ansiedad y culpa cuando descansas.
- Tus relaciones se resienten porque siempre buscas la aprobación de los demás para sentirte validada.
Reconociendo que tu creencia es falsa porque en tu vida has demostrado suficientemente tu valor, puedes transformarla en una creencia positiva
“Mi valor no depende de la perfección con la que hago las cosas, sino de quién soy.»
Igual que todo el mundo, cometes errores, y puedes aprovecharlos para aprender. Eres mucho más que unos errores; tus errores no te definen como persona.
Aquí tienes algunos ejemplos de creencias:
- «No soy lo suficientemente importante.»
- «Creo que si priorizo mis necesidades soy egoísta .»
- «Si descanso estoy perdiendo el tiempo.»
- «Yo puedo con todo y debo demostrárselo a los demás.»
- «Si digo que no, me van a rechazar o abandonar.»
- «Si controlo todo, no pasará nada malo.»
- «La gente solo se me acerca cuando necesita algo.»
¿Cómo puedes cambiarlas?
Haz preguntas como si fueras un investigador:
- ¿Es 100% verdad en todos los casos?
- ¿Tengo pruebas de lo contrario?
- ¿De dónde viene esta idea? ¿Sigue siendo útil hoy?
Reemplázala por una creencia positiva:
- Limitante: “No puedo cambiar”.
- Nueva: “He cambiado muchas veces antes, tengo capacidad de aprender y crecer”.
“Las creencias no son hechos. Puedes revisarlas, cuestionarlas y transformarlas.”
Transformar una creencia requiere tiempo y paciencia. Ten en cuenta que las creencias son muy poderosas y que las has utilizado durante mucho tiempo.
Debes cuestionarlas identificando situaciones de tu vida que las contradigan. Es como hacer de detective de ti misma.
Las emociones no estamos para amargarte la vida
Todas las emociones —incluso las que llamamos “negativas”— tienen una parte positiva y una función adaptativa. No son buenas ni malas: son mensajeras que te informan sobre tus necesidades, límites y deseos.
El miedo
Es una emoción básica que te alerta ante una posible amenaza o peligro, ya sea real o imaginario. Su función principal es protegerte: te prepara para actuar, escapar o resguardarte frente a algo que percibes como riesgoso.
- Enfrentarte a lo desconocido.
- Salir fuera de tu zona de confort.
- Sentir que tienes algo que proteger.
- Desear evitarte algo que te resulta desagradable.
- No poder avanzar debido a una herida emocional que necesitas sanar.
- No aceptar la posibilidad de equivocarte.
- Ansiedad por lo que pueda suceder.
- Angustia ante la posibilidad de sentir dolor.
- Sentirte amenazada por una situación, una persona, un cambio.
- Falta de seguridad en ti misma para conseguir algo o para enfrentarte a algo.
El miedo, cuando es proporcionado, te cuida y te ayuda a tomar decisiones prudentes. Pero cuando es excesivo o constante, puede paralizarte o distorsionar la realidad, haciéndote ver peligro donde solo hay incertidumbre.
La tristeza
La tristeza tehabla de una pérdida, desconexión o necesidad de pausa y reflexión. Sirve para ayudarte a procesar algo que te duele y adaptarte a un cambio o ausencia importante para ti.
- Pérdida: de algo o alguien valioso (una relación, una oportunidad, un ideal, una etapa).
- Necesidad de duelo o cierre: el cuerpo y la mente piden tiempo para asimilar lo ocurrido.
- Deseo de conexión: aunque parezca que te aísla, en el fondo busca consuelo, comprensión o apoyo.
- Reflexión interna: invita a mirar hacia dentro, a reevaluar lo que te importa y lo que necesitas cambiar.
- Transformación: al atravesarla, muchas veces surge claridad sobre nuevos caminos o prioridades.
La ira
Es la forma de responder de tu cuerpo y tu mente cuando te sientes amenazada, o víctima de una injusticia o han sido invadidos tus límites. Si no te quedas en el simple estallido emocional, la ira no es “mala”: es un sistema de defensa emocional para restaurar tu equilibrio, dignidad o respeto.
- Sientes que hay un límite que no ha sido respetado.
- Has intentado reprimir emociones y sentimientos y ahora has explotado.
- Una persona o situación te ha herido o decepcionado.
- Una injusticia te ha afectado.
- Crees que necesitas protegerte.
- Frustración.
- Percibes obstáculos que te impiden conseguir tus objetivos.
- Límite vulnerado: La ira aparece cuando algo o alguien traspasa tus límites físicos, emocionales o morales. Es la forma en que tu sistema te dice: “esto no está bien, necesito poner un alto”.
- Necesidad de acción o cambio: Muestra energía acumulada que quiere transformarse en movimiento: defenderte, expresarte o modificar una situación injusta.
- Valor interno tocado. La ira suele proteger algo importante: la dignidad, la justicia, la libertad, el respeto o el amor propio.
Identificar qué valor se siente amenazado da claridad sobre su mensaje. - Dolor no reconocido. Muchas veces la ira cubre emociones más vulnerables —tristeza, miedo, frustración o vergüenza—. Es como una armadura que protege una herida más blanda.
La ira te avisa de que algo necesita ser defendido, cambiado o atendido en tu vida. Si la reprimes, se convertirá en resentimiento o pasividad y si se descontrola, en agresividad. Pero si la escuchas y la aceptas como un aviso, te permitirá tener más claros tus pensamientos, ganarás firmeza en tus decisiones y te sentirás más fuerte a nivel personal
La vergüenza
Puede indicarte algo sobre cómo crees que eres percibida por los demás y sobre tu relación con la aceptación y el valor personal. En esencia, la vergüenza no señala un error en lo que haces, sino una amenaza percibida a quién eres.
- Te estás juzgando desde el punto de vista de otros, no según tus propios valores.
- Le das demasiada importancia a lo que los demás piensan u opinan sobre ti.
- Te da miedo que te rechacen o critiquen.
- Sientes que no eres suficiente.
- Buscas que te acepten y te valoren.
- Te sientes muy insegura respecto a ti y a tus capacidades.
- Dudas de tu valor como persona.
- Necesidad de aceptación: la vergüenza surge cuando sentimos que hemos fallado a las expectativas —propias o ajenas— y tememos ser rechazados. Ejemplo: “Si me ven así, no me van a querer / respetar”.
- Herida en la identidad: mientras la culpa dice “hice algo malo”, la vergüenza dice “soy malo”. Nos confronta con la idea de no ser suficientes o adecuados.
- Llamado a la autenticidad: cuando se procesa con compasión, la vergüenza puede revelar partes de nosotros que ocultamos por miedo al juicio. Es una invitación a reconciliarnos con esas partes.
- Condicionamiento social o familiar: muchas veces, la vergüenza no proviene de un error real, sino de normas aprendidas (“no deberías ser así”, “no está bien mostrar eso”). Detectarla ayuda a desactivar mandatos ajenos.
La vergüenza puede estar diciéndote que existe una especie de desconexión entre cómo eres y la imagen que crees que deberías mostrar a los demás.
Si la escuchas sin juzgarte, puede ayudarte a trabajar hacia tu autoaceptación.
La envidia
La envidia es una emoción muy interesante porque funciona como una señal de deseo y comparación. No es solo “querer lo que otro tiene”, sino una pista sobre algo que tú también quisieras tener, hacer o ser.
- Deseo no reconocido: algo en la otra persona despierta una necesidad o aspiración que tal vez no habías admitido en ti. Ejemplo: si sientes envidia de alguien que viaja mucho, quizás anhelas más libertad o aventura.
- Comparación con tu autovaloración: aparece cuando te mides frente a otro y sientes que “quedas corto”. No necesariamente porque te falte algo real, sino porque tu autoestima se ve amenazada.
- Oportunidad de autoconocimiento: si la observas sin juicio, la envidia se convierte en una brújula para descubrir qué parte de ti quiere crecer o desarrollarse.
- Falta percibida de justicia o merecimiento: a veces surge cuando crees que “no es justo” que el otro tenga algo que tú no, lo que puede reflejar una sensación interna de carencia o de esfuerzo no reconocido.
- Puede indicar que debes tratarte mejor.
- Te avisa de que es el momento de cuestionar tus valores.
- Si has herido a alguien, arréglalo.
- Piensa que no todo lo que sientes es tu responsabilidad.
- Te estás castigando demasiado.
- Quizás no actuaste de la mejor manera.
- Puedes estar sintiendo una carga.
Contrariamente a lo que pensamos, la envidia no es mala en sí misma. Se vuelve destructiva si la reprimes o la usas para atacar, pero puede ser constructiva si la escuchas como una señal de dirección o deseo insatisfecho.
¿Por qué unas personas nos valoramos más o menos que otras?
El valor que te das como persona depende de diversos factores, algunos de ellos innatos y otros que se desarrollan durante tu infancia:
- Tus vivencias
- Tus creencias
- Tus pensamientos
- Tus emociones
- Tus miedos
En cada una de nosotras estos factores varían, no todas tenemos dificultades con los mismos, y no todas con la misma intensidad. Por ese motivo, la valoración en cada una de nosotras es distinta.
Para la imagen que tienes de ti misma es esencial el modo en el que te relacionas contigo misma y con tu entorno, e implica todos los:
- Sentimientos
- Opiniones
- Pensamientos
- Sensaciones
- Actitudes
Como en toda relación, la que tienes contigo misma puede pasar por buenas y malas etapas, puedes vivir conflictos, lo que te puede llevar a dudar de algunas de tus capacidades, y eso es normal.
¿Quieres saber cómo está tu relación contigo misma? Respóndete con la máxima sinceridad a las siguientes preguntas:
- ¿Me cuesta decir lo que pienso o lo que siento?
- ¿Me cuesta expresar lo que deseo o lo que necesito?
- ¿Me siento culpable cuando no he hecho lo que se espera de mí, aunque sea algo que no deseaba hacer?
- ¿Pido perdón muy a menudo, aunque no haya hecho nada malo?
- ¿Me justifico por cualquier cosa, aunque no dependa de mí?
- ¿Me exijo mucho más de lo que debería, más de lo que en realidad puedo dar?
- ¿Me juzgo con demasiada dureza cuando algo no me sale como yo quiero?
- ¿Me insulto cuando fallo en algo?
- ¿Me paraliza el miedo cuando pienso que me voy a equivocar al hacer algo importante?
- ¿Estoy pendiente de lo que los demás piensen de mi y de lo que digan?
- ¿Me preocupa demasiado la opinión de los demás?
- ¿Priorizo las necesidades de los demás por delante de las mías?
- ¿Me ocupo antes de los deseos de los demás que de los míos?
- ¿Cambio para adaptarme a cómo a los otros les gustaría que fuera yo?
- ¿Me cuesta darme cuenta de que hago estas cosas?
Cuantas más preguntas hayas respondido que si, más deberías plantearte hacer algunos cambios en tu vida. Lo esencial es centrarte en los siguientes aspectos:
- ¿Crees que te conoces bien a ti misma?
- ¿Aceptas tu manera de ser y te sientes cómoda con ella?
- ¿ Te respetas a ti misma?
- ¿Confías en tus capacidades?
- ¿Te valoras?
¿Qué es lo mejor que puedes hacer por ti?
Las preguntas que aparecen en el artículo anterior te ayudarán a reflexionar sobre cómo te relacionas contigo misma y con el exterior. Si no haces caso de lo que tu cuerpo y tu mente te dicen ellos encontrarán la forma de que les escuches, y terminarás pagando el precio con tu bienestar.
Cada vez que actúas poniendo por delante de ti a los demás, ignorando tus necesidades, te estás tratando mal. Cuando no te priorizas, suceden muchas cosas, a veces silenciosas, pero muy desestabilizantes:
- Pierdes la conexión contigo misma, desconectas de tus necesidades.
Al hacerlo, vives en función de lo que los demás necesitan o esperan, ignorando lo que deseas, necesitas y quieres para ti. Con el tiempo sentirás que no vales lo suficiente, dejarás de saber lo que es bueno para ti, y ya no sabrás quién eres en realidad. - La imagen que tienes de ti se verá seriamente afectada.
Si siempre antepones a los demás ignorando tus necesidades, tu mente interpretará que no eres importante, que lo tuyo no cuenta. Irás perdiendo la confianza en ti y en tus capacidades. Te sentirás incapaz de hacer frente a las situaciones de tu vida. - A nivel emocional empezarás a sufrir una serie de transtornos que te generarán un gran malestar y que podrán provocar enfermedades físicas.
Dejarte de lado y estar constantemente pendiente de los demás te agotará, te sentirás vacía, triste y frustrada. LLegará un momento en que te preguntarás por qué los demás no se dan cuenta de lo que te está pasando y sentirás un gran resentimiento hacia ellos. La angustia y el estrés que ello te producirá afectará a tu salud con insomnio, transtornos de la alimentación, migrañas, problemas de estómago, depresión, erc. - No sabrás lo que quieres, lo que te molesta, lo que es bueno para ti.
Si no te has escuchado, has ignorado tus necesidades, dejarás de saber qué es lo que quieres en tu vida, porque lo único en lo que te habrás centrado es en lo que crees que quieren los demás y en cómo complacerlos. - Pierdes claridad sobre tus metas.
Toda tu energía la destinas a satisfacer lo que otros quieren, y dejas de ocuparte en tus propios proyectos. Tu vida queda estancada y no puedes seguir adelante con tu crecimiento personal.
Y a pesar de lo que te puedan haber dicho desde siempre, priorizarte no es egoísmo.
Es una forma de respeto hacia ti misma. Es reconocer que cuidarte te permite vivir la vida plenamente. El egoísmo se da cuando para priorizarte perjudicas a los demás.
Cuando cuidas de ti consigues que tu autoestima mejore. La autoestima es la imagen que tienes de ti misma, de tu valor como persona. La autoestima tiene que depender solo de ti, nunca de lo que los demás te digan.
Desgraciadamente basamos nuestra autoestima en lo que nos dicen los demás, cuando en realidad deberíamos construirla desde lo que sentimos y creemos de nosotras mismas, buscamos que nos acepten; sin embargo, la validación externa no llenará el vacío interior que nos produce no reconocer nuestro verdadero valor.
El miedo que tenemos a no ser aceptadas por los demás tiene consecuencias terribles, y condiciona todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida. Nos lleva a vigilar, todo el tiempo, lo que decimos y lo que hacemos para no sentirnos juzgadas. Ese esfuerzo nos pasa una terrible factura, y acaba provocando que nuestra autoestima no solo no mejore, sino que empeore.
El nivel de autoestima depende de diversos factores, algunos de ellos innatos y otros que se desarrollan en tu infancia:
- Tus vivencias
- Tus creencias
- Tus pensamientos
- Las experiencias de aceptación o rechazo por parte de los demás, en tu niñez
- Tu autoconocimiento
- La autocrítica
- Tu capacidad de decir “no” a lo que no quieres y la aceptación de tus propias necesidades
- Tus emociones
- Tus miedos
En cada una de nosotras estos factores varían, no todas tenemos dificultades con los mismos, y no todas con la misma intensidad. Por ese motivo, el nivel de autoestima de cada una de nosotras es distinto. Además, la autoestima varía dependiendo del momento de tu vida en el que te encuentras, no es un valor constante a lo largo de tu vida.
Eres lo que haces con tu vida
Quien eres lo construyes a partir de las decisiones que tomas, de tus hábitos y de todas y cada una de tus acciones. Eres el autor del proceso.
xxx
¿Qué pasa cuando una persona que es importante para ti no cumple lo que ha dicho que va a hacer? ¿Te has encontrado en esta situación? ¿Cómo te has sentido? Todas conocemos a alguien con muy buenas intenciones que no consigue cumplir lo que dice. Cuando esa situación se da una y otra vez, te acaba produciendo un desgaste emocional. Llegas a perder confianza en esa persona, y también pierdes respeto hacia ella.
¿Y si esa persona que no cumple lo que dice eres tú? La falta de compromiso acaba afectando tanto a la imagen que los demás tienen de ti, como a la que tienes tú de ti misma. Inicias un camino de desconfianza, que va a afectar seriamente a tu capacidad para lograr objetivos y, como consecuencia, a tu autoestima.
Algo que has de tener en cuenta es que la gente te valora principalmente por tus acciones, ya que es lo único que pueden ver de ti. No pueden leerte el pensamiento.
la importancia de la coherencia entre lo que dices y lo que haces
Vivimos en un mundo de aprobación, hasta que no te liberas de la aprobación de unos o de otros y te dedicas a la realización de ilusiones, sean cual sean y sin tener en cuenta la criba que supone la búsqueda de que alguien lo apruebe, nada te llenará.
abandonar la autoestima orientada a resultados
La alternativa es aceptarnos tal y como somos (aunque siempre intentemos mejorar) y querernos de manera incondicional a pesar de nuestros defectos y nuestros errores
valgo por lo que soy y no por lo que hago», y hacer las cosas simplemente porque nos gustan y queremos hacerlas, y no para demostrarle nada a nadie
Esto es lógico y normal, pero tú no tienes por qué valorarte a ti mismo de la misma manera. Tú sabes que eres lo que haces y lo que piensas (y mucho más). Tu identidad es la suma de múltiples partes y está en tu mano el aceptarlas todas y cada una de ellas.
vivir buscando la aprobación de los demás es como intentar llenar un pozo sin fondo
¿Te cuesta mucho decir que «no»?
Cómo decir «no» a lo que no quieres, para aceptar tus propias necesidades.
¿Por qué aprender a decir «no»?:
- Para evitar que los demás te manipulen: cuando te fuerzas a hacer algo que no quieres, acabas sintiendo que te están manipulando, que se están aprovechando de ti. Esto no solo puede generarte resentimiento hacia los demás, sino también hacia ti misma por no tener en cuenta lo que tú quieres.
- Para mejorar la imagen que tienes de ti misma: cuando te niegas a hacer algo que no quieres estás cuidando de ti, aumentas la seguridad en ti misma y la capacidad de decidir , así como la sensación de libertad. Te permite desarrollar tu confianza en ti misma para tomar tus propias decisiones y dirigir tu vida.
- Para evitar posibles complicaciones: al hacer lo que no quieres, puedes verte implicada en situaciones que no deseas, lo que te genera malestar emocional y sentimientos de negatividad hacia ti misma.
Cuando no pones límites, no te estás cuidando ni respetando.
Poner límites es dejar claro a los demás lo que vas a aceptar y lo que no.
Si no eres clara, te vas a sentir mal, no estarás siendo sincera contigo misma y con los demás, estarás ignorando tus necesidades y acabarás sintiendo una soledad interior que te entristecerá profundamente. Además te sentirás frustrada y fracasada.
Decir que «no» puede resultarte muy difícil, puede generarte ansiedad y estrés. El motivo es que temes sufrir rechazo por parte de los demás. Crees que van a pensar mal de ti y que van a dejarte de lado. Es una creencia errónea, porque precisamente, si nunca expresas lo que sientes, no te van a respetar.
¿Cómo aprender a decir «no»?
- Pierde el miedo a las críticas, únicamente son una opinión, no es la realidad: el miedo a lo que los demás piensen de ti es un tipo de miedo paralizante. Ten en cuenta que nunca nadie va a estar de acuerdo con todo lo que hagas o digas. Afronta el miedo a las críticas y sé tu misma. Todo lo que otros te digan son solo opiniones. Seguro que tú también tienes tus propias opiniones sobre otras personas, y eso no les afecta en su vida.
- Imagínate en situaciones que te resultan difíciles, en las que sabes que te va a costar decir no. Pregúntate, por ejemplo, ¿cómo voy a responder? ¿qué explicaciones voy a dar? Piensa en cómo te sientes en esas situaciones. Es un ejercicio que te va a ir muy bien aunque eso no quiere decir que todo vaya a ir genial; a veces las circunstancias no son como esperamos, y a pesar de haberte preparado puede no salir bien. No te preocupes, lo importante es que seas consciente de ello y lo vayas trabajando.
- No des demasidas explicaciones: no es necesario que te justifiques cuando digas no. Explícate lo justo, sé sincera y educada. Un simple “realmente no me apetece” es más que suficiente. Es posible que en alguna ocasión hayas mentido para salir del paso, pero esa solución solo te llevará a sentirte peor.
- No te muestres siempre disponible: si siempre te muestras demasiado accesible facilitas que te vean como “el que siempre está ahí para todo y para todos”. Para ello, tienes que rechazar propuestas que no te apetezcan o simplemente avisar de que no tienes tiempo. La gente tiende a abusar por su propia comodidad
- Aprende a quererte sin necesitar de la aprobación de todo el mundo: seas quien seas y hagas lo que hagas, debes aprender que no le vas
a gustar a todo el mundo. Una vez que reflexiones sobre ello y aceptes esta creencia en tu mente, te sentirás aliviada y no darás tanta importancia a lo que digan los demás.
- Discúlpate solo cuando sea necesario: disculparte después de negarte a hacer algo no es malo. Se trata de que la disculpa no sea exagerada para evitar que piensen que en realidad no era un no firme. Eso te perjudicaría porque no te tomarían en serio. Puedes disculparte de forma moderada diciendo “Siento tener que decir que no a tu propuesta” o “Lo lamento, pero la respuesta es no”.
¿Te apetece hablar un poco más de autoestima?
¿Por qué unas personas tenemos baja autoestima y otras no?
El nivel de autoestima depende de diversos factores, algunos de ellos innatos y otros que se desarrollan en tu infancia:
- Tus vivencias
- Tus creencias
- Tus pensamientos
- Las experiencias de aceptación o rechazo por parte de los demás en tu niñez
- Tu autoconocimiento
- La autocrítica
- Tu capacidad de decir “no” a lo que no quieres y la aceptación de tus propias necesidades
- Tus emociones
- Tus miedos
En cada una de nosotras estos factores varían, no todas tenemos dificultades con los mismos, y no todas con la misma intensidad. Por ese motivo, el nivel de autoestima de cada una de nosotras es distinto.
Además, la autoestima varía dependiendo del momento en el que te encuentras, no es un valor constante a lo largo de tu vida. No tiene sentido hablar de una cantidad concreta de autoestima que haga sentirse bien a todo el mundo.
El nivel de autoestima ideal para ti es el que te permite sentirte bien contigo misma.
Depende de la forma en la que te relacionas contigo misma, con tu entorno e implica todos los sentimientos, opiniones, sensaciones
y actitudes respecto a ti misma que has ido acumulando a lo largo de tu crecimiento.
Como en toda relación, la que tienes contigo misma puede pasar por buenas y malas etapas, pueden aparecer conflictos, por ello no todo el tiempo vas a tener una buena autoestima.
Si te interesa saber cómo vas de autoestima, te propongo que respondas, lo más sinceramente posible, a las siguientes preguntas:
- ¿Me cuesta decir lo que pienso o lo que siento?
- ¿Me cuesta expresar lo que deseo o lo que necesito?
- ¿Me siento culpable cuando no he hecho lo que se espera de mí, aunque sea algo que no deseaba hacer?
- ¿Pido perdón muy a menudo, aunque no haya hecho nada malo?
- ¿Me justifico por cualquier cosa, aunque no dependa de mí?
- ¿Me exijo mucho más de lo que debería, más de lo que en realidad puedo dar?
- ¿Me juzgo con demasiada dureza cuando algo no me sale como yo quiero?
- ¿Me insulto a veces, cuando fallo en algo?
- ¿ Me paraliza el miedo cuando pienso que me voy a equivocar al hacer algo importante?
- ¿Estoy pendiente de lo que los demás piensen de mi y de lo que digan?
- ¿Me preocupa demasiado la opinión de los demás?
- ¿Priorizo las necesidades de los demás por delante de las mías?
- ¿Me ocupo antes de los deseos de los demás que de los míos?
- ¿Cambio para adaptarme a como a los otros les gustaría que fuera yo?
- ¿Me cuesta darme cuenta de que hago estas cosas?
LAS CREENCIAS, PENSAMIENTOS Y VIVENCIAS. LAS EXPERIENCIAS DE ACEPTACIÓN O RECHAZO EN TU NIÑEZ, POR PARTE DE LOS DEMÁS.
Desde tu niñez, en tu mente se han instalado pensamientos y creencias; unos son positivos pero otros pueden funcionar en tu contra. Has oído comentarios de personas que han juzgado tus reacciones, tus sentimientos, tus respuestas… han valorado de forma negativa
características de tu personalidad.
Lo que dicen los adultos es la verdad para ti, porque ellos son mayores, saben muchas cosas que tú ignoras, tienen experiencia, y deseas creerles porque son personas esenciales en tu vida. Cuando dicen algo desagradable de ti, experimentas emociones de tristeza, miedo, vergüenza. Si una de esas valoraciones negativas aparece a menudo, puede acabar convirtiéndose en una verdad para ti, en una etiqueta.
Seguramente conoces familias con varios hermanos en los que uno es el inteligente, otro el payaso, otro el callado… Esas etiquetas quedan asociadas a la persona hasta tal punto que se siente totalmente identificada con ellas.
Inconscientemente, esa persona actúa ajustándose a lo que la etiqueta dice de ella, se comporta según lo que la etiqueta dice de ella, y su entorno cercano la trata según esa misma etiqueta.
Todo ese material que vas almacenando en tu mente, te acompaña año tras año, y te afecta a nivel comportamental y emocional. Se convierte en creencias sobre ti que no cuestionas y que aceptas como verdaderas.
Cuando ahora te enfrentas a una situación que conecta de alguna forma con algo de tu infancia que te hizo sentir juzgada, reaparecen el malestar emocional, tus miedos y las limitaciones surgen de nuevo.
Hay un proceso muy importante que te ayudará en esta situación, y también en muchas otras de tu vida.
Se trata del autoconocimiento.
Al hablar de autoconocimiento me refiero a conocerte profundamente a ti misma, tus emociones, defectos, cualidades y conflictos, en cualquier situación.
Responder a la pregunta ¿Quién soy? no resulta fácil. Aunque creas que te conoces perfectamente, cuando te detienes a pensar en ello, ignoras algunos aspectos de tu personalidad. A menudo no tienes claro por qué te comportas de determinada forma, por qué reaccionas como lo haces…
El autoconocimiento es muy importante para tu evolución personal, para regular tus emociones, relacionarte con los demás y conseguir los objetivos que te propongas.
Autoconocerse no es fácil, hace falta estar bien motivada, y dedicarte tiempo.. Hay algunas actividades que te van a ayudar si eres constante.
Apunta tus virtudes, tus defectos y lo que te apasiona.
Seguramente no te hayas dedicado a pensar en tus virtudes y tus defectos. Apunta en una lista todas las virtudes y defectos que vayas
descubriendo. Te ayudará a pensar en quién eres y cuáles son tus cualidades. Haz lo mismo con tus aficiones, porque gracias a ellas podrás mejorar tu automotivación y felicidad.
Apunta tus virtudes, tus defectos y lo que te apasiona.
Seguramente no te hayas dedicado a pensar en tus virtudes y tus defectos. Apunta en una lista todas las virtudes y defectos que vayas
descubriendo. Te ayudará a pensar en quién eres y cuáles son tus cualidades. Haz lo mismo con tus aficiones, porque gracias a ellas podrás mejorar tu automotivación y felicidad.
Apunta tus virtudes, tus defectos y lo que te apasiona.
Seguramente no te hayas dedicado a pensar en tus virtudes y tus defectos. Apunta en una lista todas las virtudes y defectos que vayas
descubriendo. Te ayudará a pensar en quién eres y cuáles son tus cualidades. Haz lo mismo con tus aficiones, porque gracias a ellas podrás mejorar tu automotivación y felicidad.
Escribe un diario.
Escribir un diario te ayudará a conocerte mejor. Es bueno porque te facilitará pensar en lo que has hecho durante el día y cómo te has ido
sintiendo. Además, al releerlo conseguirás un feedback de cómo eres, de cómo respondes a las diferentes cuestiones que has ido enfrentando. Con solo 10 minutos antes de irte a dormir ya será suficiente.
Pídele a alguien que te describa.
Si alguien que te conoce bien te describe tal como te ve es posible que te sorprendas con lo que destaca de ti. Nuestra visión de nosotras mismas suele ser más negativa de como en realidad somos.
Mejora tu inteligencia emocional.
La inteligencia emocional te va a ayudar a gestionar tus emociones y te permitirá mejorar tu rendimiento y éxito en la vida. Por ello, para mejorar el autoconocimiento puedes aprender en qué consiste, en qué se basa, y cómo utilizarla a tu favor. Te aportará las herramientas necesarias para conocerte mejor.
Mejora tu inteligencia emocional.
La inteligencia emocional te va a ayudar a gestionar tus emociones y te permitirá mejorar tu rendimiento y éxito en la vida. Por ello, para mejorar el autoconocimiento puedes aprender en qué consiste, en qué se basa, y cómo utilizarla a tu favor. Te aportará las herramientas necesarias para conocerte mejor.
¿Quieres saber lo que la inteligencia emocional te ayudará a conseguir?
- Entender lo que sientes y por qué.
- Saber gestionarte a ti misma.
- Motivarte.
- Superar los obstáculos.
- Manejar tu estrés.
- Ser empática.
- Aprender a decir no.
- Vivir en el presente, aquí y ahora.
- Reconocer y aceptar tus errores.
- Controlar tus mensajes internos negativos.
- No ofenderte con facilidad
- Saber expresar tus emociones en cualquier situación.
- Aceptar los cambios en tu vida.
- Mejorar las relaciones con los demás y contigo misma.
- Favorecer tu crecimiento personal.
- Facilitar la toma de decisiones.
- Mejorar la concentración.
- Conocer tus puntos fuertes y tus puntos débiles.
Puedes practicar Mindfulness.
El mindfulness mejora la autoconciencia y permite aprender a estar en el presente con una mentalidad de aceptación y compasión.
Ambas son esenciales para que te sientas bien contigo misma y como consecuencia, puedas mejrar tu autoconocimiento y tu autoestima.
Realizar una autocrítica.
La autocrítica te ayuda a analizar tus acciones, habilidades y comportamientos. Es una evaluación individual que comporta la opinión y la valoración de tus acciones y el rendimiento.
¿Te animas a realizar tu autocrítica?
CÓMO HACER UNA BUENA AUTOCRÍTICA SIN MACHACARTE:
Las claves para aprender a hacer una buena autocrítica son las siguientes:
- Presta atención a tus pensamientos: aprende a identificar cómo te tratas y corrige tu diálogo interno siendo más positiva y más comprensiva contigo misma.
- Márcate metas factibles: si tienes unas metas en mente, podrás evaluar la calidad de tus pasos y acciones. Eso sí, no te traces objetivos muy ambiciosos, puesto que puedes caer en la frustración. Es mejor dar pasos cortos, pero seguros.
- Deja a un lado el perfeccionismo y acepta que todos los humanos cometemos errores.
- No te autocritiques en los momentos más difíciles: tómate tu tiempo, date un respiro, trata de calmarte y luego, con más tranquilidad,
evalúa todas tus alternativas.
- Acepta y agradece cada una de las situaciones que se te presenten: de esta manera, no verás los problemas como errores o fracasos, sino como nuevas oportunidades para el aprendizaje. Al fin y al cabo seguro que se te van a presentar y es mejor sacarles partido que
dejar que te hundan.
¿Quieres desactivar los pensamientos y las creencias que te limitan?
LOS PENSAMIENTOS NEGATIVOS.
Más o menos tienes unos 50.000 pensamientos al día y más de la mitad de ellos son negativos. ¿Puedes imaginarte cómo influyen esos pensamientos en ti? ¿Cómo vas a conseguir lo que deseas si tú misma te estás diciendo que no puedes? Desgraciadamente, si no lo impides, la mente prioriza esos pensamientos negativos para que no sufras. Es como un protocolo de defensa, pero en muchas ocasiones te perjudica.
Un suceso importante en tu vida, con emociones intensas asociadas, se archiva en tu mente, y cada vez que te enfrentes a una situación parecida, experimentarás las mismas emociones que en aquel momento. Con el tiempo, en el caso de emociones que han resultado dolorosas, te anticiparás a la aparición del malestar emocional archivado, y evitarás cualquier ocasión que te lo pueda hacer sentir, y te imaginarás lo peor que puede suceder.
Ni siquiera dudarás, ya partirás de la idea de que algo fallará y te sentirás fatal. Con ello reforzarás el poder de los pensamientos negativos.
LAS CREENCIAS.
Las creencias son pensamientos sobre ti misma y sobre la vida en general.
Las creencias nacieron de los pensamientos de una niña ante situaciones que le resultaron difíciles; una niña con la capacidad intelectual típica de su edad, sin las herramientas que le hubiesen permitido cuestionar y analizar la información que le estaba llegando sobre ella. Durante el crecimiento de esa niña, esas creencias siguieron sin ser cuestionadas, lo que las hizo cada vez más fuertes.
- Los aprendes a lo largo de tu vida
- No siempre son racionales, pero eso no impide que sigan funcionando
- Pueden limitar o facilitar tus acciones
Suelen tener un gran poder en tu vida por dos motivos:
- Influyen en cómo ves y sientes los sucesos de tu vida.
- Te llevan a repetir comportamientos del pasado que ya no tienen sentido en la actualidad.
Toma papel y algo para escribir y apunta cuáles crees que son esos pensamientos y esas creencias que te condicionan.
¿Qué emociones están presentes: miedo, vergüenza, tristeza, frustración…? ¿Qué recuerdos te vienen a la mente de situaciones en las
que te has sentido así? ¿Son siempre situaciones parecidas y generan siempre la aparición de esas mismas emociones? ¿Qué haces para evitarlas?
Cuanta más información recojas de esos momentos que activan tu malestar más fácil será que te cuestiones tus reacciones, les quites fuerza a los pensamientos negativos y puedas ser tu misma sin miedo.
Aunque te parezca difícil hacerlo, piensa en cuántas veces has realizado algo de lo que no te sentías segura, o que te generaba incomodidad, y sin embargo lo conseguiste con éxito.
¿Qué pasaría si no tuvieras emociones?
¿Cómo sabrías lo que te hace feliz, lo que te pone triste, lo que no soportas, lo que deseas, a quién quieres…?
¿Puedes imaginarte una vida así? Algunas personas piensan que sin emociones no sufrirían. Tampoco disfrutarían de lo que les hace felices…
Nos están haciendo creer que debemos estar contentos y felices las 24 horas al día, los 365 días al año. Nos están engañando. Es antinatural. Ni siquiera la persona más afortunada del mundo es felíz todo el tiempo.
Ya sabes que la vida tiene tanto momentos geniales como momentos muy duros. Es algo que no podemos cambiar, porque no depende de nosotras. En lo único que podemos hacer algo es en nuestra respuesta ante esos momentos.
Las emociones tienen una función esencial para nosotras: la supervivencia. Activan nuestras respuestas y reacciones, y permiten que el cuerpo actúe si es necesario.
Por ejemplo, el miedo a la oscuridad te avisa de que puede haber algo peligroso que no puedes ver.
Tus emociones también te permiten relacionarte con los demás. Somos una especie que necesita vivir en grupo, y para ello necesitamos que la interacción con los demás sea clara y entendible para todos.
Ten en cuenta que detrás de cada una de tus decisiones hay una emoción. Todo lo que haces está movido por las emociones.